El herrero de Castilruiz

 “EL HERRERO DE CASTILRUIZ”. 



          El cuento que presentamos, recogido de la tradición en Castilruiz (Soria) fue conservado por mi madre y mi tía hace muchos años (María Paz y Encarna Hernández Esteras).

         Ellas sabían multitud de ellos que no he oído nunca. Lástima que se hayan perdido. A lo mejor los cuentos que constituyen el acerbo del pueblo han existido en otras zonas de España. Yo quiero, ahora y aquí, dejar testimonio de este tesoro cultural para que no desaparezca de la memoria de quienes proceden del pueblo.  

 

Cuento: “EL HERRERO DE CASTILRUIZ”.

Me he permitido una licencia. El cuento que hoy presento lo recogió mi hermana Mary Tere de mi madre. El nombre que yo le doy se debe al lugar donde lo aprendí. Su nombre original era distinto. Yo lo narro de forma simple, sin muchos adornos.

 

          Érase una vez un herrero que tenía muy mala suerte cuando jugaba a las cartas. Pero un día le sonrió su buena estrella. Se le apareció el diablo, y después de presentarse, le entregó una baraja. ¡Toma!, le dijo, con esta baraja ganarás siempre; pero te pongo una condición: cuando te mueras vendré a buscar tu alma.Sin pensarlo demasiado, quedó encantado con el pacto que aquel extraño personaje le estaba proponiendo. Sólo pensaba en el éxito que iba a tener en el juego y en las riquezas que iba a conseguir.A partir de aquel día, todo cambió en la vida del herrero; cada vez que jugaba tenía asegurada la partida. Y, claro está, comenzó a descuidar su trabajo; no necesitaba trabajar para tener dinero.Así pasó el tiempo y nuestro amigo cada día se encontraba más a gusto con su suerte. Cada vez tenía más dinero, y sin molestarse a trabajar.Pero  hete aquí que un buen día pasaba por allí Jesucristo con San Pedro buscando una “fragua” para arreglar un bastón que se le había roto. Cuando el herrero terminó su trabajo Dios le dijo que Él nunca llevaba dinero, pero que podía concederle tres favores. El herrero no se lo pensó dos veces y rápidamente enumeró tres deseos. 1º Que cuando encienda la fragua, no se apague hasta que yo lo diga.2º Que el que se suba a este árbol, no baje hasta que yo no se lo diga. 3º Que la gente que se siente en este banco, no se pueda levantar hasta que yo quiera.San Pedro le recomendaba que pidiera el cielo. Pero el herrero, con gran seguridad, confiaba en que ya se lo ganaría él.

            Una vez concedidas las tres gracias, los dos viajeros se alejaron y dejaron al herrero tan contento pensando en la suerte que le esperaba. 

           Pasado algún tiempo, el diablo creyó que ya era momento de que el herrero de Castiltuiz dejara la tierra como habían quedado, y mandó un diablillo para avisarle.¿No me conoces?, le preguntó. 

           Pues no, dijo el herrero.

          Soy el criado del diablo que vengo a por ti.

            ¡Ah, muy bien!. Coge el fuelle y ve soplando mientras termino este trabajo que estoy haciendo: aguzando una reja del arado. Pero cuando el criado intentó dejarlo, no podía; y el herrero le dijo: ¡Como no te vayas rápidamente, te apedreamos!.  El criado apretó a correr y cuando llegó hasta la casa  del diablo (el infierno) le dijo que el herrero era muy malo y que lo había echado a patadas. Y que ya no volvía.

          Al día siguiente mandó a otro diablillo más espabilado. Igual que la primera vez se identificó el criado. El herrero de Castilruiz le dijo: súbete a este árbol a coger unas peras para el camino mientras yo preparo algo de comer. Una vez que estuvo arriba, como en el caso anterior, no lo dejaba bajar hasta que no le oyó decir que se iba a marchar rápidamente.

           De vuelta al infierno, éste le informó que no había podido traerlo con él. El diablo harto de enviar emisarios, decidió ir él en persona.

            Al llegar a la fragua le dijo: he enviado dos de mis criados y no quiero que a mi me hagas los mismo engañándome con tus mentiras. ¡Prepárate!

            El herrero le dijo: siéntate ahí que nos vamos enseguida. Enseguida empezó a pincharle con un hierro caliente. El diablo no podía levantarse. Déjame, déjame decía. ¿Te vas a ir y no vas a volver por aquí?. Sí sí, decía el diablo.Durante un tiempo nuestro amigo se quedó tranquilo, disfrutando de la vida. Pero pasó el tiempo y se murió.

            Llegó al infierno y le preguntaron: ¿Quién eres?. Y respondió: soy el herrero. Al oír el nombre todos gritaron: ¡Que se vaya, no lo queremos!. Se quedó un rato en la puerta del infierno, pero como no le abrían, se fue camino del cielo y llamó.Salió San Pedro y, al reconocerlo, le dijo:

          Ya te dije que pidieras el cielo. Y yo te dije que ya me lo ganaría. Pero tuvo que quedarse en la puerta sin poder entrar en el cielo. Hete aquí que allí había otro señor que empezaron a hacerse amigos.

          Como no tenía que hacer el Hijo de Castilruiz le dijo: ¿quieres que echemos una partida?.

          El otro le dije: ¿con qué baraja?, con ésta le respondió(Cuando se hubo muerto dejó dicho que le metieran una baraja en la caja)¿y qué nos jugamos?. El puesto respondió el herrero.

         Y así, paso a paso, fue llegando hasta donde estaba S. Pedro. Este le dijo: Tú qué haces aquí?. El herrero le contestó: he ganado el sitio, ya te dije que el cielo me lo ganaría yo.