Vivencias

Vivencias de Francisco Hernández Martínez


INTRODUCIÓN 

No sé ni como empezar a relatar las vivencias que incluyen algunas de las facetas, no todas, del vivir en tiempos pasados; en un ambiente, costumbres, tradiciones y creencias, que en estos tiempos han dado un vuelco tan importante, que en la actualidad cuesta comprenden aquella forma de vida de privaciones, con un afán desmedido por el ahorro que llevaba a rayar con la miseria, aún siendo relativamente pudientes. No se gastaba nada más que lo estrictamente necesario, con la visión de ser espléndidos en algunos acontecimientos y reservar para sus hijos el mayor patrimonio posible.

Solamente vamos a trasladarnos a unos 70 años anteriores al nuevo siglo, cuando  comenzaba a darme cuenta de lo que me rodeaba. El mundo que contemplaba se reflejaba en la normalidad de la vida, tomándolo todo con la mayor naturalidad, integrado en una sociedad rural cerrada, pero que tenía suficientes vínculos de unión con pueblos vecinos, comarcales y provinciales como para sopesar sus avances sociales y culturales, buscando siempre el progreso para ellos y para su pueblo. 

UBICACIÓN 

Mi pueblo, Castilruiz, provincia de Soria, a 13 Km. de la villa de Ágreda, de coordenadas en latitud de 41º 53’ 10’’ N y de longitud  2º 03’ 20’’O  tierra de secano y altitud de 950 mts., sobre el nivel del mar, situado en las estribaciones de la cordillera Ibérica, junto a la sierra del Madero y en la parte baja próxima al Moncayo (2 313 mts de altitud en su cúspide), se halla situado sobre la  ladera de un montículo que domina una amplia planicie cuyo origen fue una laguna, (ya desecada hace años), que estaba alimentada por abundantes manantiales procedentes de distintos lugares de la ladera Este de la Sierra del  Madero. Hablo en pasado porque en la actualidad ninguno origina cauce con caudal suficiente como para ser considerado como “riachuelo”, si exceptuamos el de Trébago, muy escaso, y que da lugar al cauce del río Manzano que atraviesa el término de Castilruiz, de Oeste a Este. Se cuenta que una de las actividades de los lugareños era la de pescar en la laguna sanguijuelas,”animalejo” con el que se extraía  sangre humana con fines medicinales. También se criaban toros bravos alrededor de la misma, y por su margen Sur, pasaba una importante calzada romana (actual carretera general), donde quedan restos de una posada con dependencias para carruajes y caballerías. 

ORIGEN 

En sus tiempos debió tener su importancia este Pueblo, a juzgar por las edificaciones que aún perduran. Son “casonas” de piedra labrada, con portada de arco, escudos pétreos, de grandes salones y amplias estancias Sobresale la nave de la iglesia y su esbelta torre, con campanario a los cuatro puntos cardinales. Sería alrededor o colindantes a estas edificaciones, donde se comenzaría a edificar progresivamente las viviendas hasta completar el núcleo urbano que ahora tiene, con sus calles, plazas y barrios 358 habitantes  según censo de 1995.      

FORMAS DE VIDA, USOS Y COSTUMBRES 

Los vínculos familiares estaban basados en la total obediencia a los padres. El respeto que se les tenía llegaba al extremo, entre otros, de no fumar delante de ellos hasta haber terminado de cumplir el servicio militar. El hijo mayor gozaba de estos privilegios respecto al resto de sus hermanos.  

La tradición familiar unía a los miembros de varias generaciones que se iban ampliando al intercambiarse unas con otras, dando como resultado el que todos tenían algo en común con los otros. No había clanes que predominaran significativamente entre los demás; sí que se formaban gremios como de aceituneros, vinateros, carreteros, pimentoneros, carpinteros, etc., personajes que aprovechaban los periodos de tiempo de inactividad en el campo  para dedicarse a otras actividades, pero teniendo siempre como base de su economía las labores agrícolas. La propiedad estaba repartida sin grandes diferencias, formando un minifundio que igualaba en medios y recursos a la gran mayoría y con pocas excepciones. 

Todavía las mujeres mayores, se cubrían con vestidos talares oscuros y cubrían su cabeza con pañoleta, iban a la iglesia con velo negro, se encargaban de todas las labores de la casa y pácticamente no tenían vida social fuera de alguna que otra reunión entre amigas para jugar a las cartas los Domingos por la tarde.  

El agua para uso de boca se tenía que sacar a cántaros de un pozo artesiano situado a unos dos kilómetros de distancia. Lo habitual era el ir a por ella con una caballería ataviada con aguaderas para cuatro cántaros. Se hacían varios viajes hasta llenar las tinajas que todo vecino tenía en su casa. El agua, menos potable, aunque bebible para caballerías y ganado, llegaba y llega de un manantial que abastece al “rejete” lugar donde se encuentran el abrevadero y lavadero público muy próximo al pueblo. Entraba dentro de las obligaciones diarias el abrevar los animales. Esta carencia de agua justifica el hecho de que donde era propicio se construyeran aljibes para recoger agua de lluvia desde los tejados. Resulta extraño pensar en la fundación de un pueblo cuyos recursos de vida por el agua no se tuvieran muy en cuenta. 

Amasaban el pan en casa cada semana en sus artesas, trabajando la masa y haciendo los panes después de que fermentara por acción de la levadura consistente en un poco de masa guardada de la amasada anterior. Llevaban la masa al horno público sobre sus cabezas, incluyendo alguna que otra pieza, como la  llamada “lagarto” que consistía en un trozo de masa que envolvía una manzana o un chorizo, siendo las delicias de los jóvenes a la hora de merendar.

Si se hacía queso, este se preparaba con leche y cuajo  de cabrito.  

Solían zurcir los calcetines cuando se hacían “tomates” en las taloneras, tejer toda clase de prendas, dar de comer a los animales de corral, lavar la ropa en el lavadero del pueblo, repasarla y plancharla con plancha de chimenea que se calentaba alojando en su interior brasas de la “lumbre”.  

En las “matacías” las mujeres eran la que se encargaba de hacer las morcillas, picadillo y chorizos, salar y prensar los jamones, trocear el lomo y las costillas para una vez adobados o preparados de otra forma, alojándolos en tinajas hasta cubrirlos con aceite. Se seguía la tradición de llevar un “presente” incluyendo el picadillo a personas allegadas y en especial a las menos pudientes.  

La gente se iba acostumbrando a dejar el sistema  antiguo de pesas y medidas por el sistema métrico decimal, pero a las “viejas” (personas mayores) no había quien les sacara de contar en reales, de medir en varas, de pesar en libras, de usar los cuartillos y azumbres, etc. Las monedas de cobre eran la perra chica y la perra gorda (cinco y diez céntimos de peseta), las de plata eran  el real (veinticinco céntimos de peseta), los dos reales, la peseta, las dos pesetas, y las de cinco pesetas. Una gaseosa, de las de pito, valía 15 cts. 

El cuidado del aseo de los hijos pequeños era delicado ante la serie de “animalitos” que proliferaban  a pesar de los antiparasitarios de la época. Especial cuidado se dedicaba a la extirpación de parásitos como liendres, pulgas y piojos cuyos focos de reproducción no se encontraban lejos del hábitat familiar, ya que se vivía en cierta proximidad con los animales que los alimentaban, a pesar de que sus habitáculos se trataban con “zotal”. 

La alimentación estaba basada en la patata, en los productos derivados del cerdo, en la leche, en el pan, en legumbres como garbanzos, judías y lentejas y frutas y verduras cuando era su temporada. 

Una pieza importante de la casa, era la cocina; de fogón de leña plano, a unos veinte centímetros del suelo, formado por placa de hierro horizontal y otra de fondo; se alojaban colgadas, las trébedes, la badilita, las tenazas, el soplillo, etc., con amplia chimenea y una alacena para alojar los utensilios de cocina como pucheros, sartenes, ollas, platos, cubiertos, etc. Alguna de ellas tenia fija a la pared y normalmente llena de hollín, una gruesa cadena, donde se colgaba un caldero  para aprovechar el calor de la lumbre y calentar algún líquido o  la comida de los animales.

El mobiliario, se componía,  por lo general, de mesa robusta, algún banco corrido y varias sillas de anea, dos toscos, aunque confortables sillones y poco más. En ella se convivía sobre todo en las largas noches de invierno teniendo veladas muy interesantes hasta que los mayores nos mandaban a la cama o nos rendíamos de sueño. Solían versar sobre temas del campo en particular, temas de caballerías de labranza, de vecindario, de acontecimientos y leyendas que los abuelos relataban y del futuro de la próxima cosecha que se veía así o asá. Este tema se repetía con mucha frecuencia, se sabía lo que de él se había comentado en “la fragua” (mentidero habitual)                      

Todavía se calzaban las abarcas, especie de calzado tosco, hecho con material de deshecho de cubiertas de ruedas de goma, utilizadas para el campo, y  las famosas alpargatas, hechas por artesanos con trenzas de cáñamo cosidas con lezna para formar la suela, la cubierta de lona la cortaban y cosían tomando como base la de un determinado molde según tamaños. Era de admirar como trabajaba el alpargatero sobre su mesa-taller, sentado en la calle al lado de la puerta de su casa. 

TRABAJOS Y HERRAMIENTAS AGRICOLAS 

Se seguía utilizando el milenario arado romano, con su esteva, orejuelas y mástil todo de madera y la reja de hierro. La larga existencia de este arado no tardó mucho en desaparecer – ya era hora – al ser sustituido por el de reja a dos lados y posteriormente por el brabán.

Este cambio llevó consigo un avance considerable en las labores del campo y la desaparición de algunos aperos tan vinculados al arado romano como el yugo; ya no se necesitaba la “yunta” o pareja de caballerías que tiraban de él y otra cosa que se perdió es el orgullo que representaba para el labrador hacer los surcos rectos y paralelos que demostraban una destreza que todos intentaban superar.

Las fincas, entonces llamadas “piezas”eran por lo general de poca superficie y separadas por ribazos, se median por yugadas que eran 5 000 varas castellanas, lo que equivale ahora a  3.491 m .

Se utilizaba, para medir grano, la fanega, la media y el celemín. En los molinos una de las variantes de pago era la “maquila”que consistía en quedarse el molinero con un celemín por cada fanega molturada.

TIPOS DE MEDIDAS

Los cerdos de la matacía  se pesaban por arrobas, la leche se compraba por cuartillos, el vino y el aceite se median por azumbres. Se alumbraba con candiles de aceite, con su torcida y cadenilla para colgarlos, las  velas enroscadas en un soporte de tabla con mango, y  los “carburos” a los que con frecuencia se les cegaba la boquilla.  

COMERCIO 

Las ventas ambulantes también proliferaban, abasteciendo de telas, lanas para colchones, artículos de cocina y muchas cosas que tenían mercado, sobre todo un día a la semana en que previo pago de un cánon al Ayuntamiento podían fijar sus puestos de venta libremente en la plaza. El pregonero se encargaba de anunciar por las esquinas ya asignadas las novedades del mercado. Los afiladores, capadores de cerdos, colchoneros, botijeros y arregladores de tinajas, gitanos con labores de mimbre, tratantes de caballerías, paragüeros, quincalleros, etc. hacían sus apariciones a temporadas.

ESTRUCTURA DE LAS CASAS 

Las casas solían tener, (no todas), planta calle, planta vivienda y planta granero. Formaban parte de la planta calle, el portal en el que a veces estaban adosados lateralmente los cebaderos donde se guardaba el grano para las caballerías, la cocina, un pequeño recibidor o cuarto de estar, la despensa, el acceso a la cuadra, al corral y las escaleras de subida a las plantas superiores. La entrada de las caballerías a la cuadra también se hacia por el portal. 

En la planta vivienda se encontraban los dormitorios, salón comedor que se usaba en muy contadas ocasiones, alguna otra dependencia para ropas y baúles y la escalera de subida al granero. Éste en realidad era la buhardilla donde se vaciaban los sacos de grano después de la recogida de la cosecha, servia de trastero y de despensa para cosas de poco consumo. 

ANIMALES DOMESTICOS

Los animales de compañía, perros y gatos, eran frecuentes. Todavía los perros perseguían con afán desmedido cuando circulaban los coches, bicicletas o motos, ladrando con ánimo de morder las ruedas y persiguiéndolos hasta quedar rendidos (Ahora ni se inmutan). Como abundaba la caza eran frecuentes los especializados para la pluma – codorniz, perdiz, paloma torcaz, y para el pelo, liebre, conejo, jabalí etc. Los gatos tenían acceso al exterior por medio de un agujero practicado en la puerta de entrada de la casa o “gatera” por lo que tanto cazaban roedores en el interior o fuera de la casa.

Las aves de corral, en especial las gallinas, tenían un trato cuidadoso para su alimentación, ya que suponían un complemento alimenticio por el consumo diario de huevos. Cuando por naturaleza las gallinas se ponían “cluecas” se les formaba el nido en sitio mas seguro del que inicialmente habían elegido y se las daba pan untado en vino. A los gallos que se les quería conservar más lozanos se les capaba y  cortaba la cresta pasando a ser “capones”y se reservaban para sacrificarlos cuando se celebrara alguna fiesta o acontecimiento.

También se criaban conejos en cautividad, bien en jaulas conejeras, o sueltos por el corral. Se les alimentaba con yerbas, ramas verdes a las que dejaban sin corteza alguna y con una planta casi exclusiva llamada ”mielga” que era muy abundante en las orillas de los caminos y en las cunetas de la carretera. Había algún palomar, pero no eran frecuentes.

Donde había palomar se significaba al exterior con un palo vertical terminado con alguna señal distintiva que las palomas identificaban para su localización. Se las alimentaba con trigo. 

Lo que no faltaba era la cría de cerdos, para lo que en cada casa, y al lado del corral, estaban las “cortes”, lugares angostos donde estaban encerrados casi de por vida los animales.

Algún que otro vecino tenía vacas  y alguna que otra cabra para ordeñarlas y abastecer de leche a  ellos y a quienes se la compraran. También venían a vender leche y queso de otros pueblos. El queso de cabra, de Montenegro, era delicioso y las rosquillas de Valdelagua muy apreciadas.   

ANIMALES PARA LOS TRABAJOS AGRICOLAS 

Un capítulo aparte merece los animales de tiro y carga para la labranza y labores en el campo. Caballos de tiro, machos, mulas y burros componían las cuadras donde su número y calidad estaban de acuerdo con las necesidades de la hacienda, y como ésta era el fundamento de la economía y dependía tan directamente del trabajo de estos animales, iban tras los humanos en cuidados, tomando notable protagonismo el veterinario.

Normalmente a estos animales se les asignaba un apelativo singular con el que se hacia referencia al mismo, el macho “noble”, “castaño”, “lucero”, el caballo “percherón” etc. a los que se nombraba cuando se requería de él mayor esfuerzo antes de utilizar la “tralla” con un chasquido al aire muy característico de este látigo.

Con ellos se labraba, se sembraba, se acarreaba, se trillaba, y hasta se enjaezaban profusamente con penachos, cabezales con campanillas, riendas vistosas, monturas lustrosas, estribos brillantes etc., en las fiestas, para “hacer el espejo”, pedir las rosquillas, ir en procesión a la ermita de Los Ulagares llevando a la grupa una guapa castilruiza, y hacer alguna que otra carrera al galope en plan de exhibición. 

TRABAJOS AGRICOLAS

Las labores del campo en las que no se podían emplear los animales, eran muy penosas. Así el dallado de las plantas como los yeros, la beza, la lenteja y otras similares suponían tanto en el corte como en la recogida una dedicación de esfuerzo físico agotador, máximo teniendo que hacerlo en pleno verano, al Sol y en horas cuando la planta había perdido su elasticidad regenerada por la noche, que solía coincidir una o dos horas después de la salida del Sol.

Para afilar la dalla (espadaña) se llevaba consigo un yunque para clavar en el suelo, un martillo picador y una barra de piedra de afilar. Cuando se notaba que la dalla no cortaba bien, se picaba y luego se pasaba la piedra de afilar con movimientos de interior a exterior del corte. Aún quedaba la recogida, utilizando el “rastrillo”para amontonar y a brazadas se hacía la carga en el carro para el transporte hasta la era para posteriormente trillar, aventar, cerner, barrer la era, ensacar el grano, amontonar la paja y trasladar el grano y la paja fuera de la era, dejándola libre.

Se cultivaban cereales como el trigo, la cebada, la avena,  y el centeno. Se segaban a hoz, protegiendo la mano contraria a la que manejaba la hoz, con una “dedera” de madera,  se gavillaba en fajos atados con la propia mies haciendo el nudo ayudándose con un estilete de madera, se  formaban montones de ellos esperando el transporte que se hacia a lomo de caballerías o con carros.

No hacia mucho, antes de llegar las primeras segadoras norteamericanas solían contratarse cuadrillas de segadores de regiones en las que la cosecha era más temprana y se desplazaban a regiones de cosecha más tardía para realizar esta labor. El proceso del resto de faenas es igual al descrito para los yeros y beza.     

FORMAS DE CULTIVO DEL CAMPO 

1. SIEMBRA

Dado que la fertilidad de la tierra, aunque se abonara, no era suficiente para dar una cosecha cada año se tenia que dejar en “barbecho” (dejar la pieza sin sembrar, pero con una labor de labrado para evitar que se apelmazara demasiado la tierra), lo que a la hora de valorarla para sembrar, quedaba reducida prácticamente a la mitad de la hacienda.

En lo que se sembraba había que preparar la tierra con esmero. Se llevaba a la pieza el abono orgánico “fiemo” procedente de las deposiciones de los animales y de la paja del suelo de la cuadra y corte, que se había depositado en el corral durante todo el año, hasta una cierta fermentación, en “serones” a lomos de caballerías, depositándolo en la pieza, en montones separados debidamente, para después esparcirlo con el horquillo, repartiéndolo  equitativamente sobre la superficie.

Luego se labraba, esperando que hubiera “tempero”, después se pasaba la tabla de ganchos que se encargaba de igualar la superficie de la tierra removida por el arado. Como siempre quedaban algunos “tormos” de tierra sin deshacer, había que  “destormonar” con un “mallo”de madera de mango muy largo.

Luego que naciera la planta, había que “escardar”, o sea, quitar las malas hierbas.

En esta época ya se podía sembrar  a máquina sustituyendo la siembra a “boleo”. Si se sembraba a máquina, terminadas las labores relatadas anteriormente se procedía a ello. Si se hacia manualmente, a “boleo”, se llevaba la simiente en un ato colgado al hombro y desde allí con un puñado de semilla se esparcía sobre la superficie lo más igualmente posible, labor que no era fácil porque  podían quedar partes en las que hubiera llegado simiente bien repartida y otras en que no llegara o se superponerse. Esto se reflejaba al nacer el sembrado y si no se había hecho bien quedaban las zonas de sembrado señaladas, con “calvas” o profusas y  sin posibilidad de rectificar. El sembrar bien era una especialidad. Para que quedara cubierta de tierra la simiente se volvía a pasar la tabla.

2. CRECIMIENTO  Y ESPERA DE LA COSECHA

Ahora a esperar que nazca el sembrado, que podía ser de temprano o de tardío. Marcaba la diferencia el hecho de si había o no “tempero” (tierra revenida por condiciones climatológicas, lluvia sobre todo, que perdía su cohesión  y permitía hacer la labranza  con el menor esfuerzo posible haciéndola apta para la futura germinación del grano) o qué clase de simiente requería más o menos tiempo para su desarrollo, que coincidiera con la época de recolección, el  verano.

La espera de la cosecha era expectante. Lo nacido, a expensas de que lloviera a su tiempo para que germinara la simiente. El rigor del invierno con sus heladas, no dañara la incipiente planta. Ya en primavera que el exceso de nieblas y la falta de lluvia perjudicaran su crecimiento. Que la granazón se hiciera bien.  Que no enfermara la espiga de carboncillo. Que no llegara alguna prematura tormenta de principio de verano y “agostara” la mies, o lo más temible que cayera una tormenta de granizo y  desmochara las espigas dejándolas sin grano. Entonces no había seguros que ampararan alguna o todas de estas circunstancias. La cosecha estaba a expensas del Cielo, por lo que se bendecían los campos  en  una columna de piedra con la cruz situada junto al cementerio yendo en procesión un día determinado en primavera, creo que era el primero de Mayo. Se pedía en rogativas favores del Cielo sacando en procesión a los santos, se peregrinaba a las ermitas de la Virgen de los Ulagares y  a la de San Roque implorando remedio para las adversidades, sobre todo por la falta de lluvia.

Contra el “pedrisco”, cuando había señales en el cielo de formación de tormenta significativa que ya conocían por experiencia, se instalaban unos cañones, en forma de morteros, en los altos mas idóneos del terreno y se disparaban contra las nubes para provocar la lluvia evitando la formación de granizo. Las cargas lanzadas eran bombas que producían mucho calor a su alrededor. Estos cañones y cargas se guardaban en las dependencias del Ayuntamiento. La eficacia de este sistema quedaba a expensas de muchos factores adversos, pero conque una o varias veces fuera efectiva era suficiente. Hoy todavía no se utiliza ningún método efectivo para evitar ese riesgo, se han hecho cargo de él las compañías de seguros.

No obstante, no se conoce el haber perdido la cosecha completa, siempre se ha cogido más o menos por la circunstancia de que las fincas de una heredad, estaban distribuídas en partes distantes dentro del territorio y a no ser por una tormenta o sequía excepcionales no le afectaba en el todo y luego el que se sembraba en  dos épocas del año, temprano y tardío, en el otoño o en la primavera, no afectándoles por igual y que a la altitud en que se encuentra el terreno, el calor afecta menos, ya que por la noche se condensa la humedad.  

3. COSECHA

Volviendo a la finca, ya segada, se apilaban los fajos en “fascales” de unas treinta unidades dispuestas a ser acarreadas a las eras. Labor que solía  hacerse de madrugada para evitar que la mies se desgranara en el transporte.

Una vez llegada a la era, si se iban a trillar se esparcía la mies en la zona de trilla para que el Sol la secara bien; si no, se apilaba en las proximidades en un  montón en forma de pirámide rectangular.

Si se comenzaba la trilla con un determinado tipo de grano, se continuaba con él hasta terminar su cosecha, para evitar la mezcla de tipos de grano y la labor de barrer la era. Las herramientas consistían en el trillo, los había de varios tipos; unos de discos de tamaño grande o pequeño y los trillos clásicos de plataforma de madera con incrustaciones de piedra pedernal en piezas pequeñas que presentaban el filo cortante hacia el suelo.

Algunos incluían unas tiras longitudinales de acero  a modo de sierra. La horca de madera con tres o más dedos que servía para remover y dar vuelta a la “parva” cuando la mies todavía  no estaba muy desecha. La pala, también de madera, herramienta que se utilizaba para volver a dar vuelta a la parva cuando ya estaba bastante desecha la mies y desprendido su grano, y para posteriormente “aventar”. La tabla de recoger la parva, para amontonarla en forma de cono y dejarla así para cuando se decidiera aventarla. La escoba, hecha de madera flexible con varillas finas de algún arbusto que yo desconozco. Las cribas de distinto calibre para dejar el grano perfectamente limpio. Una media o celemín para llenar los sacos de grano, y los propios sacos o “talegas”. La manta “pajera” para retirar la paja a los “pajuceros” o a los pajares. Alguna que otra pequeña herramienta para reparaciones del momento. Aperos de las caballerías propios para la trilla, látigos o “tralla”, cuerdas, el botijo, etc.

Casi se consideraba un ritual el que las mujeres desde casa una vez preparada la merienda  la llevaran con un esmero en estilo y presentación en su cesta correspondiente, la merienda para el personal que estaba trabajando en la era.

Todavía quedaba el acarreo y almacenamiento del grano en los graneros de casa. Y  otra labor, la de “espigar” o sea recoger del suelo las espigas que los segadores no habían enfajado y que quedaban abandonadas. Esta labor, dura y de aplicar mucho riñón, la solían hacer las mujeres y gente joven, y tenía que hacerse antes de que “entrara” el ganado lanar cuando había obtenido el permiso del Ayuntamiento que vendía a los ganaderos de ovinos los pastos según los “pagos”(deslinde de zonas). 

Haciendo un balance general, la hacienda quedaba reducida prácticamente a la mitad,  por tener que dejar en “barbecho” la otra mitad. Había que reservar el grano correspondiente para el alimento de los animales durante todo el año en grano y para molienda. Había que reservar el grano de siembra para la próxima cosecha. Descontando el trigo que era necesario molturarlo en la fábrica de harinas para abastecerse de pan a lo largo del año, quedaba la parte disponible para la venta, con cuyo fruto había que hacer frente al resto de necesidades de la vida en el pueblo y ahorrar algo para el futuro. Esto se lograba a pesar de todo administrando lo mejor posible estos recursos y saliendo a buscar otras fuentes de ingresos donde fuera. 

Se ha repasado la faceta de los medios para conseguir los recursos necesarios para plantearse un estatus de supervivencia. Vamos a entrar en como discurría la vida social.

VIDA SOCIAL 

Tenía residencia fija, el médico, veterinario, sacerdote, maestro, maestra, y secretario de Ayuntamiento. 

Teníamos juez de paz. Hubo farmacia. Estaba nombrado el consistorio municipal, con su alcalde. Como empleado estaba un agente que hacía de pregonero, cobrador de tasas y mandados del personal de Ayuntamiento. Había cobrador de contribución, había barbería-peluquería, había cartero que repartía el correo que traía el coche de San Felices desde Soria, Había peón caminero.  

Por los años 1920 ya se había instalado la luz eléctrica en el pueblo. La central era del Sr. Blanco, en Cigüdosa, desde donde por medio de una línea de alta tensión llegaba a la caseta de transformación situada en la nevera-parte alta del pueblo- desde donde distribuía la corriente en baja tensión al pueblo. Solo se daba luz por la noche. Había alumbrado público y no todas las casas habían adoptado este medio. Las lámparas, con casquillo tipo bayoneta eran de 15 vatios y la mayoría “conmutadas”. El servicio fue muy precario hasta que compró la concesión la empresa “La Invencible”, propiedad de Amós Hernández Hernández. 

Había un servicio de línea de viajeros en días alternos que hacía el servicio de Soria a Sanfelices y viceversa, que paraba en la cuesta de la carretera a las afueras del pueblo; para los pequeños era uno de los alicientes del día ir a ver quien venía. 

Se habían adquirido alguna máquina segadora, otras sembradoras, se habían impuesto los brabanes, las galeras se turnaban con los carros, se había pasado en algunas casas del hogar fogón a la “cocina económica” ya se bailaba en la casa del “Tío Romo” con gramófono de cuerda, las máquinas de coser estaban impuestas, había algún que otro aparato de radio a válvulas “Telefunken” o “Philips”. Los relojes de bolsillo se estaban imponiendo, sobre todo uno ruso marca “Roskof” así como las plumas estilográficas. Se iba a instalar un molino de piensos en el pueblo.Ya  había un par de bicicletas.  

Los mozos ya vestían más “pinchos” y las mozas se vestían más a la moda, los muchachos llevaban pantalones cortos cerrados como bombachos y habían desaparecido los pantalones de gatera,para los menores, que eran los que permitían, sin quitárselos, hacer sus necesidades cuando les venía en gana y limpiarse con una piedra. 

En cuanto a los juegos con baraja de cartas “Heraclio Fournier”, los mayores jugaban, al guiñote, al mus, al tresillo, al tute, al cien, al diecinueve, al subastado, al copo, etc. Las mujeres eran más aficionadas a jugar a la brisca. Los muchachos jugaban a las cartetas, piezas hechas con cartas de baraja que desechaban los mayores, cortada en dos mitades y entrelazadas para que resultase una carteta con cara y cruz. Se jugaba a lanzarlas contra la pared para que rebotasen y se acercasen  menos de un palmo a la del contrario con lo que se ganaba la carteta; si quedaba más distante de un palmo, quedaba en el suelo y tiraba el contrario. 

También jugaban a las canicas-chiva, pie, tute y güá-, al perico, a la peonza y era curioso que cada época del año tenia su juego y se iban correlativamente dejando unos y tomando fuerza otros hasta implantarse. 

Los mozos preparaban partidos de pelota a mano, siendo el deporte favorito, con campeonato incluído en las fiestas, se jugaba por parejas y mano a mano. Ganaba la pareja o el que antes hacía veintiún tantos. Las manos se quedaban hinchadas, rojas y con vejigas acuosas a los que usaban con frecuencia este juego.  

Las chicas jugaban a las tabas, al coto, a los “corros”, la “gallina ciega”, al escondite, se corrían las calles, se saltaba a la comba, se saltaba al “descanso” o “repringue” juego en que había de pisarse en determinados cuadros numerados dibujados en el suelo, al “yoyó, etc. 

Como curiosidad, había una costumbre en la que  la categoría de mozo había que conseguirla con méritos propios a partir de una edad de mozalbete, ya que si no pasabas a  esa  categoría, estabas supeditado a una cierta servidumbre hacia los mozos. Consistía  en  que en ciertas situaciones les debías obediencia, como que les acercaras el botijo, recogieras una pelota alejada, fueras a por tabaco al estanco y cosas por el estilo. Pero además tenías que pagar “un duro” a la bolsa que tenían formada los mozos para los gastos de fiestas. Cuando te admitían ese duro ya eras mozo. Los mozos tenían su alcalde y alguaciles. 

Se formaban cuadrillas entre los mozos y se tenía verdadera camaradería entre ellos para todo. Estas cuadrillas eran las de los “quintos”, circunstancia que se daba entre los que deberían cumplir la “mili” o servicio militar obligatorio el mismo año. 

Había la sana costumbre de pasear los domingos por la tarde, las cuadrillas, unas y otras, cantando a voces peladas, por la carretera de Castilruiz a Matalebreras, las canciones de moda, las de Jorge Negrete, Los cascabeles, La ovejita lucera, el rascayú, el tiroliro, etc, intercaladas con alguna que otra jota, a la vez que se cruzaban las parejas de novios que paseaban mas tranquilos sin cogerse del “bracete” y esperando que pasaran los mozos para sentarse discretamente, en la cuneta al abrigo de los frondosos olmos que había a lo largo de la carretera. 

Las incursiones a las huertas de Cigudosa, en la época de fruta, eran habituales, trayéndose buenas cestas de manzanas, ciruelas, melocotones, etc. para lo que había que caminar los siete kilómetros de cuestas durante la noche ir con sigilo y saber las huertas donde estaba la fruta y que nadie los notara. 

Las apuestas de fuerza, se hacían a base de cargarse al hombro un saco o talega lleno de grano, del mayor peso posible a uno o dos tiempos. Se bajaba al molino y allí se escogían se pesaban y se realizaba la prueba. La apuesta solía ser la de pagar una merienda el que perdía, o simplemente satisfacer el orgullo de sentirse el mas fuerte, que no siempre era el mas corpulento o presuntuoso.  

Las cuadrillas de mozos tenían atribuciones y derechos adquiridos por la costumbre. Uno de ellos consistía  en poder dar una “cencerrada”. Cuando un forastero pretendía a  una moza y ya entraba en casa de ella para festejar, debía  pagar un dinero a los mozos. Estos fijaban la cantidad relativamente alta, y claro, el pretendiente no estaba de acuerdo. Si no había avenencia, los mozos se equipaban del mayor número de cencerros del ganado vacuno y lanar, se sentaban frente a la casa de la novia cuando se suponía que estaban festejando y comenzaban a hacer sonar los cencerros con gran estrépito. Así una y otra noche hasta que se llegara a un acuerdo. Conseguido éste  se admitía al pretendiente como formando parte de los mozos del pueblo, pudiendo proseguir con normalidad sus relaciones.  

También se organizaban las cuadrillas de quintos en las que alguno de sus miembros pretendiera en silencio y sin saberlo ella, tener relaciones con alguna chica,  el ponerle “aleluyas.” Se organizaban para que la misma noche y con el mayor sigilo posible se colocaran todas. Estas aleluyas consistían en unos pasquines con dibujos muy coloristas que se dejaban pegados en la fachada de la casa donde vivía ella. A la mañana siguiente surgían la sorpresa y la duda del que había obrado así aunque siempre se sospechaba algo. 

Los mozos participaban notoriamente en la organización de las fiestas. En la de San Juan, se traía la leña del monte en abundancia para formar la hoguera. En las fiestas del pueblo, ampliaban un día los festejos a su cargo, traían y llevaban a los músicos a sus lugares de origen, “bandeaban “ las campanas de la iglesia hasta que dejaran de sonar por el impulso dado ya que las revoluciones conseguidas hacían que el badajo por efecto de la fuerza centrífuga quedara sin golpear el cuerpo de la campana.  

Las “rondas” eran frecuentes, se hacían por la noche recorriendo las calles cantando jotas acompañados con bandurrias y guitarras con algún que otro laúd. Hay que hacer constar que esta zona castellana está muy influenciada por costumbres aragonesas. Aunque se conservaba el vestido castellano, con faja, capa y sombrero que se vestía creo que solamente para ir a la iglesia  los días de solemnidad y eran muy pocos los que lo usaban, de la música castellana típica ni se conocía; imperaba la jota baturra y sus instrumentos de acompañamiento. Así esta jota se cantaba en el campo, en las rondas, en fiestas, en reuniones de amigos, en banquetes de bodas etc. Excepto los asuntos oficiales, el resto de actividades estaban relacionados con Zaragoza y su provincia.

Se bajaba madera de la zona de Pinares y se subía aceite, vino, frutas y verduras, bolas de sal para las caballerías y otros productos aprovechando las diferencia que había entre las medidas de longitud entre la vara castellana que era mas corta que la aragonesa. 

SERVICIOS COMUNES 

Había herrería, fragua y carpintería. Cuando no era la hora del café, la gente desocupada se llegaba a alguno de estos sitios a pasar el rato ha hacer sus propios comentarios sobre los asuntos que fueran, los contertulios, que generalmente eran personas mayores, se recreaban contando sus andanzas y experiencias de antaño, no siempre compartidas, y a criticar de quien o lo que les parecía.  

La más típica era la fragua, que por estar en la plaza tenía mas posibilidad de ver desde ella lo que pasaba. Ésta era un lugar de piso de tierra ennegrecida, con una sola ventana al exterior delante del banco donde había un solo tornillo de herrero, herramientas diversas como limas, la sierra de arco, llave inglesa, martillo y otros enseres en perfecto desorden sobre el tablero. 

Disponía de un taladro movido a mano por volante, de una  piedra de afilar de arenisca montada sobre armazón de madera que contenía agua. El eje de la piedra acababa en un manubrio, que mediante una correa o fuerte cuerda estaba unido al extremo de una tabla cuyo otro extremo se fijada al armazón. En esta tabla se apoyaba el pié para apretando fuerte la diera el movimiento de rotación y entonces poder afilar. 

Una pila labrada en piedra, amplia y profunda contenía el agua utilizada para dar el “temple” de las piezas que lo necesitaran, cosa que se obtenía con bastante precisión pues la oscuridad del lugar facilitaba calcular, según salía la pieza del calor de la fragua, la temperatura de temple apropiada. El yunque, clavado en un buen tronco de madera de encina, estaba próximo al hogar y en la pared de éste, las tenazas, martillos, el mallo, pincho para azuzar el fuego y demás utensilios. Lo más llamativo estaba en el fuelle, hecho con paneles de madera y cuero lateral con pliegues en forma de acordeón. Tomaba aire al accionarlo desde una manilla en que terminaba una cadena vertical que movía la estructura inferior del fuelle, abriendo y cerrando una trampilla, también de cuero. Por último se regulaba la salida del aire mediante una “tajadera” situada próxima a la boquilla del fogón. 

El carbón mineral era el combustible. Con estos rudimentos se aguzaban  rejones, se reparaban cadenas,  se atendían muchos remiendos, se forjaba el hierro para hacer ventanas y balcones artísticos, molduras para tragaluces, soportes para aisladores, roscas para tornillos etc. Cuando había que dar el mallo, lo hacia algún contertulio, pues estando allí a veces había que colaborar, no todo tenia que ser “cháchara” les decía el Alcántara, que era el herrero. 

En la carpintería, pasaba algo parecido con la gente, pero el tío “Garriga” que era un artista trabajando la madera, con su espeso y gran mostacho, la dejaba algo abandonada, pues sentía una pasión desmedida por la caza, era un gran cazador a pesar de que tenía una escopeta de cañon más largo que lo habitual y de un solo tiro. Nunca sacó licencia para cazar, decía que si la Guardia Civil se la pidiera les diría que la cogieran, que la llevaba en la punta del cañón. Las muchachas, traviesas ellas, le cantaban una canción cuya letra decía: “Que no se diga, que no se note, que el tío Garriga lleva bigote”. 

La herrería no estaba abierta todo el día; si no tenía trabajo y se necesitaba, había que ir a buscarlo a casa  Tenía todo tipo de herraduras y clavos para herrar (especiales), manejaba muy bien la gubia para preparar la pezuña y el asiento de la herradura y clavaba con destreza cogiendo la pata del animal doblada la rodilla. Cuando se tenía alguna duda del comportamiento del animal, pues se requería cierta quietud, se ataban dos patas del mismo. En este sitio eran menos frecuentes las tertulias, aunque las había. Cuando el arriero oía sonar una herradura, se acordaba lo que le iba a costar su reposición y decía que le sonaban los dos duros. 

Otro artesano que no se olvida era el esquilador de caballerías. El bueno del tio Agustín se encargaba de dejar una obra de arte en cada caballería que pasaba por sus manos, que eran todas las del pueblo. Esquilaba en la calle o en el portal de su casa que estaba en el barrio de “La Amargura” y hacía los trazos rectilíneos de separación entre lo esquilado y el resto que parecía haberse hecho con tiralíneas luciéndose con el rabo al que le hacia ciertos dibujos lineales y los terminaba con una graciosa escobilla. Después del esquilado los animales parece que sentían cosquillas hasta que se acostumbraban. El esquilado del ganado lanar, lo solían hacer los pastores ayudados por parientes y amigos. No sé si lo hacía también el tío Agustín. 

En la peluquería-barbería, se afeitaban  los hombres del pueblo, y el afeitado habitual se lo hacían cuando casi les daba vergüenza, lo habitual solía ser  cada semana. Ante barbas tan tupidas Virgilio, Domingo y Manolo, éste menos, pues trabajaba en su carpintería principalmente, se encargaban de “rasurarlas” y /o cortar el pelo. La gente decía que no dejaban ni un solo día del año de comer garbanzos. No se sabe con certeza si era así. Para el afeitado, usaban el jabón espuma, y la navaja de afeitar después de haberla pasado por un previo afilado en un aparato que llevaba atirantado una tira doble de cuero y que deslizaban repetidamente la hoja por él. Cada afeitado requería  afilar dos o tres veces, pues no cambiaban  de navaja. Cuando se producía un corte de piel pasaban una piedra pómez o algo por el estilo que estimulaba la cicatrización. La gente normalmente no pagaba en el acto los servicios, pues tenían una “iguala” con ellos a lo largo del año, mediante la entrega de una fanega de trigo o algo mas  pero en especie. En algunas ocasiones Virgilio, se desplazaban a los domicilios para hacer estas labores. 

También este barbero era un buen cazador. Durante la espera en la barbería se seguía “charlando” con profusión. El Manolo también era sacristán, Tocaba las campanas, subía las pesas del reloj de la plaza, y lo ponía en hora, pero lo significado de él, era lo fuerte y bien que cantaba en gregoriano la misa en latín, cómo acompañaba su canto en los funerales, y en todos los actos religiosos, aunque su gesticulación era algo exagerada, torcía la boca de una forma casi ridícula, pero cantaba muy bien.

Se tenia carnicería que mataba casi diariamente alguna res de ovino. Un estanco y el comercio del “Tío Martín” abastecían de enlatados, productos de limpieza, algo de ferretería, caramelos y cosas muy variadas. 

Tocaba el órgano de la iglesia los domingos en la misa mayor, Dn. Aurelio, secretario del Ayuntamiento. A este órgano había que insuflarle aire mediante una palanca colocada lateralmente que  con movimiento de arriba-abajo  accionaba el fuelle, y hacía tanto ruido que la mayor parte del tiempo se oía mas ese ruido que el del propio órgano. Era un acompañamiento supletorio a la música que a veces coincidía con el ritmo. Tampoco era de extrañar que por estar enredando o por despiste del chaval  encargado de darla a la dichosa palanca, se quedara sin aire el órgano con el consiguiente enfado del organista. Conste que ocurría solamente en alguna ocasión. El himno Nacional se tocaba cuando entraban las autoridades en la iglesia el día de la fiesta del pueblo y al “alzar” en la misa. 

Había escuelas públicas independientes para chicos y para chicas, que las llevaban respectivamente el maestro y la maestra. Es interesante el espíritu que había en los padres de que todos sus hijos aprendieran lo más posible y no dejaran de asistir a la escuela. 

No había analfabetos en Castilruiz. Todos sabían leer y escribir, las primeras reglas de aritmética, geografía de España, los ríos, cabos y cordilleras, partes mas notables de la historia sagrada, ortografía, gramática, etc. Se aprendía cantando en voz alta  la lección. 

Se llevaba a la escuela el “cabás” con lapiceros, goma cuadernos etc., y una pizarra encuadrada con su pizarrín. Como coincidían distintas edades y en consecuencia distintos grados, se daban explicaciones a unos u otros en tiempos distintos. Las chicas aprendían  labores del hogar. En el recreo se aprovechaba para jugar y almorzar. 

Cuando hacía mucho frío y como la calefacción estaba escasa, algunos y algunas llevaban desde casa una caja metálica, llamada “rejilla” con su asa, en cuyo interior la habían colocado sus madres unas brasas para que les calentaran los pies. Con el buen tiempo se daban clases de naturaleza en el campo uno o dos días por la tarde. Se llevaba cada uno su merienda, se solía ir  cerca del río. A los maestros, todo el pueblo les apreciaba y les tenía un gran respeto y atenciones. 

PRACTICA RELIGIOSA  

En cuanto a la religión, todo el pueblo profesaba la religión católica. El patrón del pueblo es San Nicolás de Bari, una imagen esbelta, grande como si fuera en persona, con su báculo y libro abierto. Cuando de niños acompañábamos a nuestras madres a misa y como normalmente estábamos inquietos nos decían que miráramos al Santo ha ver si pasaba la hoja del libro que portaba con una mano. 

Hay una ermita dedicada a la Virgen de Los Ulagares a unos tres kilómetros al nordeste del pueblo, y otra dedicada a San Roque, próxima al pueblo junto al camino de la fuente. Todas de gran devoción, singularmente a la Virgen, pero no desmereciendo mucho a San Roque. 

Se celebraba misa diaria  en la parroquia de San Nicolás en latín y de espalda a los fieles. Los Domingos y fiestas de guardar se celebraban tres misas, si era verano, y dos si no lo era; la de alba, a media mañana y la mayor. La del alba se celebraba para la gente que tenía que madrugar para ir al campo en periodo de recolección. Esta misa era una concesión  y se pagaba con los frutos de la Capellanía, que era donde iban a parar, como bienes de la Iglesia, las donaciones de los devotos ya  difuntos, que dejaban en propiedad, por lo general fincas, y que luego las explotaban labradores del pueblo, pagando una renta a la vicaría. La siguiente misa solía ser a las 9 o 10 de la mañana y la mayor a las 12. 

Muchas eran las señales de religiosidad de la mayoría de la gente. Al medio día se hacía un toque de campanas y se rezaba el ángelus, dejando de trabajar, descubriéndose la cabeza respetuosamente. También cuando se llamaba a la puerta de una casa, como para pedir paso, se llamaba diciendo “Ave María purísima” y en la casa le contestaban “sin pecado concebida”. Se bendecía la mesa antes de tomar nada y cuando estaban todos los comensales.  

Era frecuente el rezar el  rosario  en familia, todas las noches. Se guardaban lutos rigurosos por los difuntos que solían durar un año como mínimo, se colocaban “catafalcos”con velas encendidas en recuerdo del fallecido durante ese tiempo, que eran atendidas por los familiares en la iglesia, se hacían promesas de privaciones y como prueba de favores concedidos se entregaban a la Virgen objetos significativos de curaciones (muletas, trenzas de pelo y otros muchos objetos que se colocaban fijos en el lateral del evangelio de la ermita). 

Se hacían “novenas” en abundancia, Se ponían velas a la Virgen y a los santos, se hacía la señal de la cruz mojando los dedos índice y corazón del agua bendita de la pila, cuando se entraba y se salía del recinto sagrado. 

Se saludaba  de paso diciendo “que Dios te acompañe”.Cuando se daba una limosna o se hacía un favor se contestaba “que Dios se lo pague” y otras expresiones siempre con sentido de cristiandad, se hacía la señal de la cruz sobre cabeza y pecho la primera vez que se salía de casa. 

Hacían un recorrido alternativo, por la mayoría de las casas del pueblo, dos capillitas portátiles con las imágenes de la Sagrada Familia la una y la otra con la imagen de San Antonio, permaneciendo en cada casa una semana, tiempo en el que se les veneraba con especial devoción, pasando “el reo” a otro vecino cuando había pasado la semana. Estas capillitas incluían la consabida hucha. 

Las fechas del calendario se conocían más por los Santos y fiestas religiosas, que por el propio calendario, habiendo frecuentes citas a los mismos, en lugar de fechas del calendario. En la iglesia se daba catecismo a los niños y niñas en tandas para pequeños y mayores. Los viernes se rezaba el “via crucis” por la tarde. Me acuerdo de la coletilla rezada después de la adoración de cada estación que decía: “adorámoste Cristo y bendecímuste que por tu santa cruz redimiste al mundo”  Así sonaba, el original seguro que se escribía de otra forma.  

Los gozos de San José, con su ritual y cánticos particulares, eran seguidos con gran devoción. El estribillo era: “Sednos José abogado en esta vida mortal”. 

Las “tinieblas” formaban parte de los actos de Semana Santa siendo muy espectaculares, ya que según se  iba terminando cada oración o letanía se iba apagando una de las siete velas que alumbraban toda la nave de la iglesia, hasta que al terminar de apagar la última, y en plena oscuridad, los fieles prorrumpían en estruendosos ruidos golpeando sillas contra el suelo, pateos ruidosos, haciendo sonar carracas y “ mazos”, El  significado debía ser el de que según los evangelios relatan, el rasgado de los cielos, coincidía con la muerte de Jesucristo en la cruz. 

En las celebraciones de Semana Santa, se terminaban los actos religiosos con una procesión por la noche. Los chavales, se habían  hecho con antelación, con alguna calabaza; vaciando su contenido, se  hacían unos agujeros simulando la boca y los dos ojos colocando en su interior una vela encendida. Este artificio se colocaba en sitios estratégicos dando a la procesión durante la noche un  ambiente tétrico añadido. 

El Viernes Santo al estar suprimido el toque de campanas, se reemplazaba el mismo para dar las “señales” de inicio de los actos religiosos, con un recorrido por el pueblo una cuadrilla de muchachos tocando los mazos y carracas y vociferando la señal  que era . La tercera suponía que se iniciaba inmediatamente la ceremonia. 

El ser monaguillo era un privilegio para los chavales y les permitía vestirse de ello, tocar la campanilla en el momento de la Consagración, dar la Paz, con una placa al uso,y el consiguiente paño para limpiarla cada vez que se besaba,(uso exclusivo para las autoridades), apagar la velas con un cono de hojalata  ennegrecido por el uso y  colocado al extremo de una larga caña, beberse algo del vino de consagrar, a “hurtadillas”, pasar la bandeja en el ofertorio a mas de otras funciones. 

ASPECTO POLITICO 

En cuanto a lo político, de niño o mozalbete, no me quedan recuerdos si no son los acaecidos durante la guerra civil. Nosotros quedamos en la zona llamada Nacional de tendencia de derechas y aunque había gente de tendencias de izquierdas, se convivía sin grandes problemas dada la idiosincrasia del pueblo. Al principio de la contienda, para atemorizar a la gente hacían alarde de poder los falangistas en excursiones que pegaban cuatro tiros al aire cuando obligaban a la gente a ir a la plaza para escuchar sus arengas haciéndonos levantar el brazo derecho con la mano extendida como saludo copiado de los ejércitos de Hitler y cantar el “cara al Sol”. Luego se iban por donde habían venido. Se llamaban a los mozos de reemplazos sucesivos y se intentaba oír la radio a  escondidas para saber noticias de cómo iba la guerra. Eran muy populares las arengas de Queipo de Llano, aquí se oían  por las emisiones de radio Zaragoza (EAJ-101) pero con tal dificultad que más bien se tenía que adivinar lo que decía ya que estaba prohibido tener antena al exterior, y como había solo cuatro o cinco receptores, se juntaban a la escucha de los mismos las personas más “politiqueras”, personas que como no entendían bien o eran duras de oído no dejaban de preguntar ¿qué ha dicho? con lo que los demás se quedaban sin oír lo que la radio decía durante la pregunta. El “parte “ de mediodía y el de la noche destacaba, siempre tendenciosamente, las noticias más relevantes. Se comenzaba y terminaban las emisiones con el himno nacional.Todas las emisoras terminabas sus emisiones a las doce de la noche. 

Terminada la guerra se colocó una placa de mármol con los nombres de  los “Caídos por Dios y por España” en lo alto de uno de los laterales del pórtico de la iglesia. No recuerdo, pero serían unos ocho o diez. 

Durante la guerra, en el pueblo no ocurrió nada relacionado directamente con la misma, no hubo paso de tropas, ni ruido de cañones, ni transportes militares, ni vuelo de aviones. 

Si que había requisa de alimentos y recogida de ropas de abrigo para las tropas que luchaban en los frentes, y una cosa curiosa. Se solicitó que todas las herraduras usadas que se encontraran en los pueblos colindantes y el mío se depositaran en un único sitio, en el suelo de la fachada oeste de nuestra casa, donde se hizo un buen montón en poco tiempo, unas cuatro toneladas. 

Parece ser que se destinarían a fundiciones de material de guerra, cosa que no se produjo y estuvieron años allí, no sé lo que fue de ellas. 

Solamente, en una ocasión se vio a lo lejos, hacia la falda del Moncayo la silueta de un avión echando humo. Algunos marcharos hacia el lugar del suceso, vieron que era un avión militar de los “rojos”, completamente destruido, no había rastro de personal de vuelo, cogieron alguna pieza de las que estaban esparcidas por los alrededores y se las trajeron a casa como recuerdo. 

En la posguerra, en España se había implantado un sistema de racionamiento, todo estaba intervenido por El Gobierno de Franco, se crearon muchos servicios nacionales, entre ellos el del trigo, que es el que directamente afectaba a la producción más importante del pueblo; quedaban intervenidos por el Gobierno que se hacía dueño de ellos fijando su precio, para posteriormente distribuirlos en cartillas de racionamiento o cupones de consumo. Se tenía que declarar cuanto se producía  y cuanto se disponía, no se podía tener como previsión de necesidades nada más que lo que la cartilla de abastecimiento te daba derecho a disponer. El intervensionismo del Gobierno era total. Había cartillas de racionamiento para todos los artículos de consumo, aceite, azúcar, harina, etc, cupones de racionamiento para infinidad de artículos, tabaco, gasolina etc. 

UN CASTILRUIZO SINGULAR 

Un hombre ilustre nacido en Castilruiz, que yo no conocí por vivir fuera ambos, y que cuando viniera de vacaciones no se significaba por nada. Fué Dn. Arsenio Gállego Hernández (1886-1969). Dedicó su vida a la docencia, fuera de Soria la mayor parte de ella, pero sin olvidarla ni olvidar tampoco a  su pueblo como queda reflejado en su libro de poesía “mis dos vidas” del que es autor.

De él es el poema a la Virgen de los Ulagares, que dice:

“Virgen de los Ulagaace mures,
Madre, tus ojos divinos
son los rayos matutinos
que alumbran nuestros hogares.
Al cruzar tierras y mares
(temporeros peregrinos)
nos allanas los caminos
fuera de los patrios lares.
Tus hijos no te olvidamos
Tu nos llenas de consuelo 
y en Ti pensando esperamos.
Tiende sobre nos tu vuelo.  
También los pobres gozamos
de una madre allá en el Cielo. 
 

Otro de los poemas de este libro se refiere a su pueblo y que es digno de copiar, y dice así:

“MI ALDEA”

Tosco es el vaso y el licor de oro, 
una aldea pardusca, vieja y seca
con un corazón joven, un tesoro
entre almajaros de la tierra lleca.
La gente pensadora, noble gente;
una raza que guarda tradiciones
de su céltico origen y en su mente
hay ensueños de gloría, hay ilusiones.
Tosco es el vaso que la tierra ofrece,
más el aroma suave lo ennoblece,
romero y salvia en sus paredes crece.
Alma que colma y que rebosa en vaso,
alma dulce y severa, sin ocaso
que hace siglos que sueña y no da un paso.

Y otro dedicado a “CASTILRUIZ”.

Tu suelo es rojo de sangre seca,
suelo cansado y empobrecido,
que será eterno por bien nacido,
aunque tu tierra se quede lleca.
Azul tu cielo, azul que peca
de azul, no encuadra su colorido
con el del campo medio dormido
y con la flor pobre y enteca.
No tienes árboles, te falta un río.
Junto a tus eras una charca
donde las ranas a su albedrío
croan y viven.
Eres un arca
donde la vida lenta y sencilla
ni acusa espanto ni maravilla. 

Estas ideas que  he expresado espontáneamente, me gustaría sirvieran de expresión de un sentir de muchos contemporáneos,  que se identificaran con lo narrado, y que nos gustaría que quienes lo lean,  se sintieran contentos de esta generacion anterior, que supo sentar las bases de lo que ahora se guarda como identidad de nuestra tierra y con un futuro esperanzador.

(He elaborado un pequeño glosario que se puede consultar para entender mejor el texto.) 

Francisco Hernández Martínez

Contacto: fhm1927@yahoo.es

GLOSARIO

Agostar: mies tumbada

Alacena: Armario hecho en la pared para guardar algunas cosas.

Aventar: Echar al viento alguna cosa. Dícese comunmente de los granos que se limpian el la era.

Azumbre:Medida de liquidos que tiene cuatro cuartillos y equivale a poco más de  dos litros.

Escardar: Limpiar de cardos y otras malas hierbas los sembrados.

Fascal: Conjunto de haces de trigo u otro cereal que se hacen en el campo

Fiemo: Es el nombre que se daba al estiércol.

Fragua: Fogón en el que se caldean los metales para forjarlos.

Iguala: Estipendio que se da en virtud de ajuste.

Lumbre: Llama, fuego, materia combustible encendida

Pagos: sorteo entre demandantes para poder entrar el ganado a pastar en los rastrojos.

Pinchos: elegantes

Parte: Informativo a nivel nacional, durante la guerra

Rastrojo: Residuo de las cañas de la mies, que queda en la tierra despues de   sembrar.

Serones: espuerta doble para cargar una caballería

Siembra a boleo: lanzar la simiente extendiéndola sobre la tierra, con la mano.

Talega: Saco estrecho y largo de lienzo basto

Tempero: Sazón que adquiere la tierra con la lluvia.

Tormo: Terrón, masa  pequeña e suelta de tierra o de otra substancia 



Posted 14 septiembre, 2009 by admin in category Memorias